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Lies written in ink are never forgotten [Connie Foster]

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Lies written in ink are never forgotten [Connie Foster]

Mensaje por John Cardinal el Sáb Ene 02, 2016 3:49 pm

Lies written in ink are never forgotten
Bar cerca de la biblioteca | A solas, por ahora | 11:43 a.m
Los dedos repiquetearon sobre la firme superficie de la mesa. Era un movimiento fluido, como quién toca las teclas imaginarias de un piano. Con ello creaba un ritmo constante que para algunos podría ser irritante, pero para él no era más que una costumbre de la que no solía percatarse, un mero modo de liberar energía al tiempo que su mente navegaba por mares de reflexión o entramados pensamientos internos. Al mismo tiempo, su mirada se perdía en el horizonte, donde el cielo se diluía con una línea lejana de las montañas. Y su mano zurda, poseedora de algunos anillos, mesaba lentamente la perilla incipiente de su barbilla. Su actitud seria en un pozo de serenidad podía parecer atípica dado su fluido carisma natural para sociabilizar, pero la verdad es que aquel comportamiento reflejaba en mayor medida la profundidad de su ser que cualquiera de sus pícaras y habituales contestaciones. Allí, en la calma que ofrecía la soledad, podía nadar en sus deseos más oscuros.

- ¿Qué puedo ofrecerle, señor?

La pregunta quebró el ensimismamiento de John Cardinal, quién interrumpió su repiqueteo sobre la mesa y su mirada al infinito para dirigir sus ojos a la joven camarera. Nada más centrarse en ella dejó que una de sus medias sonrisas fluyera de forma natural.

- Una cerveza estaría bien, encanto.

- ¿Una cerveza? - Volvió a preguntar la camarera, totalmente extrañada en aquella ocasión. - Pero si no son todavía ni las doce. Lo siento, señor, pero no servimos alcohol hasta pasado el mediodía...

- Yo suelo decir que en algún lugar del mundo ya será de noche. - Respondió ensanchando la sonrisa para intentar convencer a la joven, para así con suerte conseguir su ansiada bebida. Pero dado la mirada de la chica, John tuvo al final que soltar un suspiro de resignación. Parecía que su deseo oscuro actual era una simple birra y ni eso se lo iban a conceder. - Bien, vale, pues que sea un café solo entonces.

La camarera asintió antes de marcharse rauda al interior del establecimiento. John se había sentado en una de las mesas exteriores para así contemplar de primera mano la calle y sentir la brisa meciendo su cabello o acariciando su piel. Iba ataviado con una de sus camisas beige desabrochada por el cuello y remangada, con un chalequillo gris oscuro ajustado al torso y la chaqueta de cuero tirada en el asiento de al lado. Desde donde se encontraba podía ver la gran biblioteca del pueblo y eso le recordó lo que tenía que hacer a continuación.

Sacó el móvil de su bolsillo y se dispuso a buscar entre sus pocos contactos a la persona que necesitaba en aquel momento. "Ahí está." - Se dijo triunfante al encontrar el nombre "Pequeña Sherlock", un apodo para la joven Connie Foster cuando todavía era olvidadizo con su nombre. Conocía a la chica desde hacía poco más de tres años, cuando ella aún era una estudiante muy curiosa de secundaria que le había solicitado con su dinero ahorrado un trabajo que nunca llegó a completar del todo. Y aunque tras el tiempo transcurrido la curiosidad no había disminuido en ella, sí había cambiado dónde se encontraba por entonces. Si mal no recordaba Cardinal, estudiaba lingüística en la universidad y trabajaba en la biblioteca, la misma que estaba vigilando desde la distancia. Lo que desconocía por completo era sus horarios, dado que siempre solía ser ella la que se aproximaba a él sin previo aviso, acosándole para colaborar en alguno de sus casos. Sólo esperaba que, para una vez que él necesitaba que acudiese, no la encontrase ocupada con algún "vete tú a saber qué".

Mensaje para: Pequeña Sherlock escribió:Estoy en el bar que hay al otro lado de la calle frente a la biblioteca. Te necesit

¿Te necesito? No, John Cardinal no era de esos hombres que necesitaban a alguien. Se estaba ablandando con la chica y eso no podía ser. Decidió rápidamente borrar esa palabra del mensaje y optar por otro modo de expresarse. No quería confusiones. A fin de cuentas, seguía siendo un pájaro libre e independiente. Sólo hacía eso por ahorrarse tiempo, facilitarse el trabajo y hacerle un favor a la joven. O al menos eso se preocupó en creer para sí mismo.

Mensaje para: Pequeña Sherlock escribió:Estoy en el bar que hay al otro lado de la calle frente a la biblioteca. Tengo un caso para ti si lo quieres, Sherlock. Te estoy esperando.

"Eso está mejor." - Afirmó para sí, al tiempo que le daba a enviar a aquel mensaje. Aún con el móvil en la mano, la camarera apareció junto a él para depositar en la mesa el café solo que había pedido anteriormente. Parecía que con ella sus dotes de embaucador no habían funcionado, pues la joven se marchó con prisa sin esperar siquiera el agradecimiento y la sonrisa (esa que empleaba para ligar) de su cliente. No obstante, sin darle importancia alguna a aquel asunto, John tomó un sorbo de su café y dejó escapar una mueca de desagrado antes de dejarlo de nuevo sobre la mesa. Había algo que aún perturbaba la mente del investigador privado, algo que le picaba por dentro y que no lograba rascar lo suficiente para ahuyentarlo. Algunos lo llamarían conciencia. Pero él hacía como si no conociese el significado de aquella palabra.

Con otro suspiro de resignación, decidió mirar en el buscador del móvil por un nombre en particular, Santísima Casa Protectora de los Huérfanos. Había buscado ya mil veces y seguía sin encontrar nada, pero aún le removía en la mente el hecho de no haber completado el trabajo, el primero encomendado por Connie y aquel con el que se dieron a conocer. Y no es que le importara dejar trabajos a medias. Es más, sabía que Foster le había encomendado aquella tarea por mera curiosidad en el campo de la investigación y no porque tuviera verdadero deseos de conocer su pasado. Aún así, John había aceptado el dinero tiempo atrás y nunca lo devolvió pese a no haber hallado nada de valor. No se le ocurriría nunca devolver esas ganancias, pero al menos quería poder sentir que había conseguido algo a cambio del pago.

Nada. Seguía sin hallar nada que hilase a Connie más allá del orfanato. Con un bufido dejó el móvil aparcado en la mesa y tanteó con su otra mano en uno de los bolsillos de su chaqueta. De ella tomó una pequeña botellita de whiskey, de esas que dan en los aviones. La abrió y la depositó casi entera sobre el café solo que aún se hallaba frente a él.

- Ahora está mucho mejor. - Comentó a la nada tras tomar un sorbo del café irlandés casero que acababa de cosechar y guardando lo que quedaba de la botellita de nuevo en el bolsillo interior de la chaqueta.

De un modo u otro, John Cardinal tenía la costumbre de siempre alcanzar sus deseos. Hasta los más oscuros y banales de todos ellos.
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