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Paint and shadows [Priv.]

Mensaje por Marco O. Millors el Lun Dic 21, 2015 9:35 pm

¡Mira! Una sombra
Teatro | Connie | 20:00 hrs
Tenía sentimientos encontrados por los días de estreno. Era cuando todo el teatro se conmocionaba y aguantaba la respiración, porque solo había dos salidas. Una mejor parada que la otra. Eran esos días en cuando el trabajo de Marco pendía de un filo hilo subjetivo. El gran escenario que se levantaba en todas las actuaciones a veces no era bien apreciado o era completamente ignorado por la audiencia. ¿De qué dependía su saldo? Bueno, al alcalde debía de gustarle el juego de colores que había escogido Millors para el color del cielo en cuanto El Cascanueces pelea contra el ratón malvado,  o cuando alguna burócrata se quedaba conmovida por la representación gráfica de la casa de donde había salido alguna vez  Ricitos de Oro. Aquellos días, el pintor solamente podía refunfuñar por los encargos, intentando no quejarse en voz alta, pues apreciaba su trabajo y sin él, probablemente se moriría de hambre o acabaría predicando junto al sujeto del parque que tenía pinta de Jesucristo.

Por eso aquella tarde, Marco tenía las manos manchadas de pintura azul y gris, las mangas arremangadas y desgastadas, y el cabello revuelto y probablemente lleno de pintura también. El muchacho tenía el gran encargo sobre un ballet del Cascanueces y unos escenarios conmemorativos para Navidad. Aquella época que él odiaba por su soledad y el frío. No estaba de buen humor ni siquiera para ver a Kaira o sonreírle a Vienna. Solo se enfocaba en su trabajo y en intentar salir invicto de aquellas fechas.
Con los pinceles esparcidos a su alrededor, suspiró y se sentó frente a la gran lona que estaba casi terminada. Los olores conocidos de tiner y óleo inundaba el ambiente y aquello lo dejaba ligeramente adormilado, y con un poco de dolor de cabeza. Debía aprovechar esas horas en donde no había prácticas ni audiciones, para terminar la escenografía y no drogar a medio pueblo en el proceso.

Terminó la parte del cielo, cuando escuchó a lo lejos el chillar conocido de la puerta principal. Él se encontraba en el escenario y al levantar la vista solo alcanzó a ver cómo la luz exterior daba invitación a una nueva persona en el teatro. Familiarmente, se colocó su pincel detrás de la oreja, como igual hacía con los lápices, y se irguió. -¿Vienna?- Preguntó a la oscuridad. Desde su posición no lograba reconocer a la figura menuda que había entrado y aún se ocultaba entre la oscuridad de la audiencia.–Ve a cenar con Jude, hoy no tengo mucho tiempo.- Avisó dando por hecho que se trataba de la chica St. Clair que había sido como su familia, desde que la pequeña tenía memoria. Suspiró y volvió a tomar el pincel. Probablemente Vi entendería y se retiraría, sin embargo la puerta no volvió a chillar, ni tampoco hubo un halo de luz que anunciara la partida de la chica. Marco gruñó por lo bajo.-¿Quién está ahí?- Replicó, esta vez inseguro por quién se escondía aún entre butacas, oscuridad y silencio.- Las entradas se venden hasta mañana. Puede verlo en la taquilla.- Elevó más la voz para que el intruso escuchara y tomara una decisión, o aunque sea se hiciera visible ante Marco.
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Mensaje por Connie Foster el Mar Dic 22, 2015 12:47 am

¡Mira! Una sombra
Teatro | Ma-arco | 20:00 hrs
Se zafó la bufanda que se encontraba alrededor de su cuello en cuanto entró en calor. Connie estaba tan encantada con la magia que desprendía aquel lugar. Había comprado los boletos un mes atrás, cuando por azares del destino, el anuncio de la obra que se presentó ese día, la molestó como un mosquito insistente cada vez que abría una nueva página en su computador. ¿Alguna vez los han notado? ¿Los anuncios de compraventa de objetos, de citas a ciegas, de viajes intergalácticos; que aparecen continuamente en cada página de Internet que abres? Pues eso. El anuncio de la obra llevaba persiguiéndola una semana, el mismo tiempo que le había dedicado a su trabajo de Redacción aplicada. Y, tras fruncir el ceño, enseñarle la lengua a la página intrusa que se abrió cuando, por error, picó la ventana del anuncio, y mirarla con recelo, suspiró abatida y terminó comprando dos boletos para la obra. ¿Cómo obtuvo el dinero? No pregunten. ¿Cómo se las había arreglado para conseguir una tarjeta de crédito propia? Es un misterio. Bueno, un misterio y la ayuda infragante y muy necesaria de su padre, todo a escondidas de su madre, por supuesto. Y como su madre no estaba enterada de ello, Connie y su padre arreglaron un complicadísimo plan que les permitiera ir juntos a la obra y regresar separados, en diferentes horarios, para que su madre jamás se enterara de su nuevo hecho delictivo, como ella solía llamarle —aunque, si le preguntan a la castaña, ella prefería acciones en incógnito o mejor aún, misión ultrasecreta—.

El punto era que nadie sabía que estaba ahí.

Después de que la función terminó y la gente comenzó a abandonar el teatro, Connie se coló en el baño de mujeres para posteriormente esconderse tras un contenedor de basura cuando la seguridad del inmueble hizo la revisión rutinaria. Había sido tan fácil, que se sintió un poco decepcionada, pero la adrenalina recorrerle el cuerpo y el bombeo frenético de su corazón la aliviaron un poco de su inmenso deseo de aventura. Tras esperar unos cuantos minutos detrás del bote y ver algunas cosas desagradables que los trabajadores hacían cuando nadie les veía y que no pensaba describir, salió de su escondite, primero asomando el cabello enredado que poseía y después su cuerpo entero, para asegurarse que nadie cercano podría verla. ¡Primer paso de la misión ultrasecreta, completado! Su intención, desde que tomó la decisión de quedarse, era conocer los misterios y secretos que se escondían detrás del mágico escenario. Connie había visto muchas fotografías e imágenes en Internet de los teatros, así como videos e, incluso, había presentado una obra cuando tenía doce años. Pero jamás, jamás, jamás, jamás había visto lo que se escondía en ellos: las cuerdas que movían la escenografía, los paneles, las luces, las bambalinas, todo. Y conocerlo, de noche, cuando no había nadie y a escondidas, se le antojó emocionante. Así que ahí estaba, sucumbiendo a la curiosidad que mató al gato.

Ella era el gato.

Tomó una bocanada enorme de aire inmensa que le dio el valor de abrir la puerta que la llevaría al mundo mágico y empujó quedamente, congelándose en su lugar segundos después apenas de haberlo hecho. ¿Qué era un Vienna? Frunció el entrecejo, confundida. Ah, pensó tras reflexionar, no es un qué, sino un quién. Dejó que la puerta se cerrara tras ella. Quien fuera el hombre que se encontraba ahí, parecía haberla confundido con alguien que hacía las mismas acciones de incógnito que Connie. Y aquello no le causó gracia. Tal vez un poco. ¿Quién era Jude? ¿Jude Law? ¿Quién era Vienna? ¿Quién era él? Oh, Merlín, ¿Qué le contestaría ahora? ¿Quién era ella? — Er... Soy nadie—murmuró, no muy convincente. Después se mordió la lengua reclamándose internamente y suspiró, dando unos cuantos pasos en dirección a la voz del hombre—. Bien, no soy nadie, pero tampoco soy alguien malo. Sólo vine porque...—calló de golpe, dándose cuenta que estaba dando mucha información. ¿Qué tal si aquél hombre realmente era alguien malvado, a lo mejor estaba robando y Jude y Vienna eran sus cómplices? Oh, no.¿Quién era él? ¿Quién eres tú?
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Re: Paint and shadows [Priv.]

Mensaje por Marco O. Millors el Mar Dic 22, 2015 11:54 am

¡Mira! Una sombra
Teatro | Connie | 20:00 hrs
Podría tratarse de mil y un opciones sobre quién se encontraba en aquél mismo espacio. Podría ser su jefe, que lo vigilaba desde la oscuridad sin decir nada, solo para acusar al joven de que los colores que estaba usando no eran convenientes, o que el fuerte olor de pintura y disolventes, estaba contaminando todo el teatro. Podría ser un caza recompensas y por fin venían a sacar a Marco de Storybrooke, en donde había residido desde que tenía memoria, o quizá podía ser el cobrador de impuestos y aquél lugar se iría a la quiebra. Él tendría que buscar de nuevo trabajo y ya que los St. Clair (con quienes antes había trabajado de jardinero), habían decidido gritar su independencia, tendría que preguntar en casas mayores y quizá más complicadas de Storybrooke. Suspiró. ¿Para qué se hacía semejantes ideas cuando ni siquiera estaba seguro de quién se encontraba allí? En un principio no obtuvo respuestas y estuvo a punto de retomar su trabajo, indignándose como un crío, pero de repente escuchó una vocecita dubitativa, desconocida para él. Marco entrecerró los ojos para ver entre la oscuridad hasta que la chica dio unos pasos hacia donde él se encontraba y su voz se hizo corpórea.

Se presentó como Nadie, a lo que él arqueó una ceja y sonrió ladinamente, recordando el fragmento de la Odiseo en donde “Nadie“ lo convertía a él en Polifemo. Nadie era una joven curiosa, nada más. Se irguió en donde estaba, indeciso sobre qué posición tomar. Su trabajo sería correr a todo personal ajeno al teatro a esas horas, le debería de mostrar la salida y guiarla hacia allá, para encargar a la niña con un taquillero. Pero la presencia de la chica tranquilizó un poco los antiguos nervios que experimentaba siempre que trabajaba bajo estrés de una próxima presentación. -¡Cuidado!- Le señaló cuando ella daba unos pasos hacia él.- Hay aguarrás justo en frente de tu pie. No quieres morir joven ¿eh?- Exageró un poco, pero odiaba limpiar el aguarrás del suelo, pues este se impregnaba en la madera y el ambiente olía terriblemente fuerte por meses, además; él recibiría toda la culpa de ello. Dio un paso hacia ella, vacilante, con las manos manchadas de pintura en los bolsillos y arrugó ligeramente la nariz, aún poco convencido de la presencia de Nadie en su teatro. –Buena o mala, no deberías estar aquí. ¿Cómo fue que entraste?- Generalmente había gente a las afueras esperando a que todos desalojaran el teatro para poder cerrar y dejar a los trabajadores terminar su trabajo. Esos momentos era cuando Marco aprovechaba a trabajar en paz y a solas, sin bailarines o músicos revoloteando incesantes y molestos por el teatro. Iba a volver a llamarle la atención, pero ella lo cuestionó esta vez a él.

Receloso, el pintor dio un paso hacia atrás. No estaba acostumbrado a socializar, por ende no tenía muchos amigos, e incluso pasaba días enteros sin abrir la boca. –Soy ninguno-Le respondió evasivo. Aquella aparición no debía saber su nombre si ella tampoco le decía el suyo. Además de evasivo y malhumorado, Marco era ligeramente… ¿molestón? Bueno, de niño podía hacerle la vida a cuadros al señorito Jude, aunque nunca se ganó su enemistad por ello. –Y tampoco soy malo. Solo pinto lo que nadie ve, o los que pocos notan.- Se acercó otro paso de ella, volviendo a recuperar esta vez el pincel que cargaba detrás de la oreja y se lo extendió a Nadie. Esperó alguna reacción de ella, aunque no sabía cuál. En cualquier momento ella podría salir corriendo en busca de sus familiares o solamente pensando que el sujeto detrás de escenarios, era muy extraño. Aún así se arriesgó. –Pareces curiosa. De lo contrario ya hubieras salido corriendo o me hubieses evadido desde un principio. –Miró un momento a su alrededor, al mundo del que los curiosos se sentían atraídos. Sonrió ligeramente, raro en él, y volvió a mirar a la chica.- ¿Te imaginabas esto así? Claro, exceptuando tu encuentro con el sujeto raro del teatro.- Señaló con la mirada lo que los rodeaba; escenarios a medio pintar, cables, sacos de arena, uno que otro vestuario olvidado por ahí, y bocinas.

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Re: Paint and shadows [Priv.]

Mensaje por Connie Foster el Jue Dic 24, 2015 1:12 am

¡Mira! Una sombra
Teatro | Ma-arco | 20:00 hrs
Arrugó levemente su nariz cuando percibió los olores que invadían el lugar. Se preguntó cómo es que no se había dado cuenta antes, que aquél pretendía ser una réplica de un centro de concentración de la segunda guerra mundial, porque bien podría matar a alguien si se estaba ahí por mucho tiempo. Lo que le llevó a plantearse otra incógnita para atormentar su mente, ¿Cuánto tiempo, exactamente, llevaba él ahí, sin respirar aire fresco? El muchacho —porque lo identificaba por su voz— ya debería estar alucinando. ¿Lo estaría? Porque... bueno, si estaba en un mal estado mental, Connie estaría expuesta a dos probabilidades. La primera, que se abalanzara contra ella e intentara matarla para quitarle el aire que ella estaba respirando (una teoría tonta, si me lo preguntan, pero que ella disfrutaba de pensar). Y, la segunda, estaría tan contento de respirar aquellos colores, que hasta él mismo creería que ella era una alucinación y más temprano que tarde, la ignoraría. Ambas las creyó muy posibles, pero no por ello iba a abandonarlo ahí. ¡Necesitaba ser rescatado, y no se lo tenían que pedir dos veces para ayudarlo! Sonrió en el resguardo de la oscuridad. Con toda la valentía del mundo, colocó sus ambas manos sobre su cintura y avanzó lentamente, analizando al muchacho que se presentaba ante ella ahora que podía verlo desde su posición con la luz del foco sobre él.

Repentinamente, se detuvo.

Miró hacia abajo, donde su tenis rozaba sutilmente un bote de metal medio cubierto con la tapa, algo que estuvo a punto de tirar si no se fijaba en su andar. O si él no le avisaba de ello. Ladeó la cabeza, curiosa. ¿Aquello era venenoso? ¿Explosivo? ¿Gaseoso? ¿Si lo tiraba al suelo crearía un virus alienigena que mataría a todos los humanos, pero, sorprendente, los demás animales seguirían vivos? ¿Era la clave para la era zombie? Sonrió de lado, acentuando aún más las facciones inocentes que lentamente mutaban por unas juguetonas, propias de una adulta. Aguarrás, ¿eh?¿Qué es aguarrás? —preguntó. Posiblemente era algo parecido al formol —cosa con la que, lamentablemente, estaba familiarizada— o alguna sustancia sumamente olorosa y tal vez tóxica, que era utilizada en los teatros. ¿Algo como barniz? Rodeó rápidamente el bote que contenía el líquido y siguió caminando hasta la figura masculina, sin demostrar ni una pizca de miedo. Sin esperarlo, una sonrisa radiante explotó en su rostro cuando contestó a su pregunta como Ninguno. Nadie le había seguido la corriente, cosa que le gustó, así que decidió ser sincera con él —Pues... —murmuró pensativa, mientras veía con ojo crítico las cosas que los rodeaban. Pedazos de tela muy parecida a la manta, sogas, basura y un montón de pinceles y pintura que irremediablemente lo apuntaban a él. Curioso, fue sencillo, en realidad. Bastó con esconderme en los baños, esperar a que todos se fueran y luego venir aquí —rascó su mejilla dudando por un momento antes de continuar—. Lo más difícil fueron las cámaras, pero lo solucioné metiéndome tras los disfraces y los botes. Son muy desordenados por aquí —fue entonces cuando Connie le puso real atención a lo que estaba pintando.

Era un escenario muy hermoso. Si ella lo hubiera visto en una galería de arte, con un marco adornándolo y colgado sobre una pared, medianamente más pequeño a como estaba ahí, habría creído sin duda alguna que se trataba de una obra bastante armónica y proporcional de algún pintor desconocido. Y no hablaba a la ligera. Connie sabía de esto por sus padres, quienes siempre le influenciaron el vicio al arte. Prueba de ello era su presencia en ese preciso lugar y no en un bar, como la mayoría de las personas a su edad. Suspiró, emocionada. Realmente bonito, pensó. ¿Cómo es que él podía estar ahí cuando tenía tanto talento? Cayendo en la misma dinámica de siempre, la muchacha volvió a interrogarse, haciendo una deducción: ¿sería él el pintor de la escenografía de la obra de esa noche? ¿él las pintaba todas? Ella podría afirmar que era así, tenían el mismo toque —Correr no es mi estilo. Yo vuelo —afirmó seriamente—. Y no, no lo imaginaba así —le lanzó una mirada significativa, acompañada de una sonrisa ladeada—; es mucho mejor de lo que esperé. ¿Tú los pintaste, todos? —y ella no se refería sólo a los que tenía cerca. Sino a todos. De todas las obras, de todas las escenografías, de todas las temáticas. Ella esperaba que sí, porque sino, estaría decepcionada.

Connie había ido por aventura y la había encontrado con la forma de un pintor: —Y dime, Ninguno, mi estimadísimo sujeto raro del teatro, ¿tú te lo imaginabas así? ¿Tan... vivo?
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Re: Paint and shadows [Priv.]

Mensaje por Marco O. Millors el Miér Dic 30, 2015 12:37 am

¡Mira! Una sombra
Teatro | Connie | 20:00 hrs
Recordó alguna vez haber leído en la biblioteca de los St. Clair un libro acerca de un futuro en donde la gente pretendía ser feliz a base de la ignorancia. El protagonista era una víctima más en ese mundo tan falso y superficial, hasta que su pequeño mundo se vio sacudido por una niña que le cuestionaba todo. Marco de repente se sintió identificado con aquél hombre y su respectiva niña. La chica con el curioso nombre de Nadie, le recordaba a aquella niña curiosa e ingeniosa, a lo que Marco logró sentirse torpe y bastante amargado. –El aguarrás es un químico que si lo tiras, explotará y tendremos problemas con el teatro, querida Nadie.- Exageró un poco las cosas el pintor, un tanto divertido por el camino que al parecer ella gustaba de tomar. No era que Marco gustase de vacilar a las personas (aunque sí, era muy esquivo e irónico), sino que la manera de pensar de la chica no era tan aburrida como la del resto de los personajes que últimamente cruzaban el teatro. Por ejemplo, hacía unos días el violinista principal y la pianista que casi siempre se acompañaban o protagonizaban, querían un escenario tan serio y específico que Marco se había encogido de hombros y había pintado el peor escenario que había hecho en su vida. El violinista, que tenía un aspecto muy melancólico, le había gritado sus quejas al dueño del teatro y Marco solo había querido regalarle (o arrojarle) el último disco de James Blunt, gritarle a él que dejara sus dramas “emos“ tras él y que regresara a casa. Y aquél solo había sido uno de los tantos clientes que tenía Millors, de esos que le pagaban su comida y su renta. Vaya trabajo que tenía.

Por eso no quería alejar a la niña de él. No, ella no iba a pagarle el pan de la mesa de aquél día, pero su conversación le supo más deliciosa que la hogaza reseca que conseguía en la panadería del pueblo. –Sí, son algo desordenados, pero no me imagino un teatro totalmente ordenado. Qué aburrido.- Arrugó la nariz, haciendo que su bigote se retorciera levemente, de cierta manera graciosa que antaño hacía reír a Vienna cuando era más pequeña y bueno, Marco casi era lampiño. –No me imaginaba que fuese aquél tu estilo.- Pretendió que lo del orden había sido una queja por parte de ella, aunque probablemente lo interpretaba mal a propósito para llevarle la contraria a la castaña, algo propio del pintor ermitaño. De la pintura, Marco había desarrollado un sentido observador, dándose cuenta de los detalles que abundaban en la chica; cabello desordenado, ojos brillantes y sonrisa genuina. Aquello confesaba varios hábitos que él podía deducir, aunque no se atrevía a apuntarlos en voz alta. Su comentario lo tomó ciertamente desprevenido, sintiendo un cálido asomo de curiosidad por ella. Si ella volaba, la volvía difícil de atrapar y sobre todo, interesante. Una persona que vuela no podía ser para nada ignorante, como él, que tenía ambos pies bien plantados sobre el piso de aquél teatro. –Más interesante aún. Si puedes volar, ¿por qué no lo has hecho? Si soy el espantapájaros en persona.- Bromeó, sonriendo a la par que ella.

-¿Te parece? Me halagas. Sí, lamentablemente no he conseguido a nadie que me siga el paso, y tampoco es que el dueño del teatro quiera gastar su dinero en más empleados para ayudarme con los escenarios. Se pueden rehusar, rumoran.- Se encogió de hombros, mirando de reojo el último escenario que había terminado para una obra de teatro. –Aunque yo  digo que es falso. No puedes crear la misma esencia oscura del Lago de los Cisnes, para el Cascanueces.- Empezó a molestarse con la idea, pues había discutido con el director de la última obra al respecto. Claro que no iba a desahogarse de todos sus problemas con “Nadie“, no tenía ella por qué estarlo aguantando. Además, esa noche, Marco no era un pintor cualquiera, era “Ninguno“, el gran pintor del teatro misteriosamente mágico.

De nuevo, Marco era el mismo personaje del libro de antaño. Era monótono y sombrío, era infeliz a su manera, a lo que las preguntas de la niña le iluminaban un poco el lúgubre teatro. No borró la sonrisa –aunque ligeramente incómoda, pues no estaba acostumbrado a sonreír- del rostro. –Podría decir que la única vez que siento vida es cuando allá-señaló hacia donde originalmente iba el público para ver al escenario-está lleno y cuando en el escenario hay bailarines, cantantes, actores o artistas, es cuando este lugar tiene vida. Yo soy como…¡Un mueble!- Dijo inesperadamente sorprendido por su comentario.- Sí. A ellos les gusta ver y escuchar desde las sombras, mientras hacen una función productiva para el resto. –Miró directamente a los ojos oscuros de Nadie y arqueó una ceja, sin saber muy bien qué hacer. No estaba acostumbrado a hablar con desconocidos, pero extrañamente sentía que a ella la conocía de antes. Quizá tenía un alma curiosa y vieja, a lo que él podía sentirse cómodo. -¿Tú a qué llamas vida exactamente?- Dio unos pasos por el lugar, mirando a su alrededor para buscar alguna referencia a la que la chica pudiese dirigirse. Alcanzó entonces un pincel y se lo mostró a la castaña. -¿Sabes? Podría enseñarte algunos trucos sobre la pintura. Tal vez así podría explicarte las propiedades tan peligrosas del aguarrás.-De repente su sonrisa se extendió un tanto más, aunque se sentía dubitativo al respecto.

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